La gracia divina de nuestros santos se extiende incluso a la madera misma de los iconos sagrados, imprimiéndoles un poder sagrado que trasciende la comprensión humana. Existe una historia notable de Asia Menor que ejemplifica esto. Un criador turco, ya sea por curiosidad o por falta de respeto, dirigió su hacha hacia un icono antiguo con la intención de partirlo para leña o algún otro uso práctico. Al levantar el hacha y dar el primer golpe, ocurrió algo extraordinario: la madera del icono comenzó a sangrar como si fuera un ser vivo.
Aturdido y horrorizado por lo que había presenciado, el hombre se quedó paralizado, abrumado por una sensación de pavor y culpa. La visión de la madera sangrante le infundió miedo y asombro, al comprender que había encontrado algo más allá del mundo natural. Incapaz de comprender el milagro que se desarrollaba ante él, la desesperación y el arrepentimiento lo invadieron. En un gesto de arrepentimiento, o quizás por temor al castigo divino, el turco buscó de inmediato a la comunidad cristiana local. Les entregó el icono, pálido de incredulidad, y relató con gran detalle el milagroso acontecimiento que había presenciado, reconociendo el poder que se había revelado a través de la imagen sagrada.
~ San Iakovos Tsalikis ☦