La importancia de los iconos religiosos en la fe cristiana

San Juan Bautista

Los iconos religiosos juegan un papel particularmente importante en la fe cristiana. Las imágenes hagiográficas, trascendentales y elaboradas, se describen como una "ventana al Reino de Dios". Los iconos religiosos se encuentran tanto en iglesias, como parte integral de la expresión de la fe, como en la intimidad de los hogares. El icono para el fiel cristiano ortodoxo es una forma de oración y un “medio” de oración. La mayoría de los cuadros suelen representar temas de la vida de Cristo, de la vida de su Madre María y de escenas de la Biblia o de la vida de los santos.

Los iconos religiosos de la fe ortodoxa son parte integral de la tradición de nuestra Iglesia desde su fundación hasta hoy, siendo los iconos quizás el rasgo más característico de nuestras iglesias. En los primeros años de la difusión del cristianismo, las representaciones de los santos, sus historias, Jesús y la Virgen María eran muy limitadas, principalmente en los frescos, famosos entre las catacumbas bajo Roma debido a las inminentes persecuciones. Las formas y representaciones que plasmaban los iconos o murales se basaban en información oral que se transmitía de boca en boca, entre los fieles, mientras que la primera imagen se atribuye al evangelista Lucas y representa a la Virgen María.

El reconocimiento del cristianismo por parte del emperador del estado grecorromano Grande Constantino el Grande marcó el inicio de la "decoración" de iglesias con iconos, que hasta entonces se había limitado únicamente al uso privado.

Los iconos son objeto de controversia

Los iconos se convirtieron en objeto de una controversia teológica y política que azotó al Imperio bizantino durante el siglo VIII y la primera mitad del siglo IX, dividiendo a los creyentes en adoradores de los iconos (iconófilos) y luchadores contra las imágenes (iconoclastas). Los excesos en la expresión de las dos tendencias llevaron a intensas y amargas disputas entre ambos bandos, que terminaron en 842 con la actuación de Teodora, emperatriz de Bizancio, esposa de Teófilo, que restauró los iconos en iglesias y monasterios y provocó el fin definitivo de la iconoclasia. Los iconoclastas no podían comprender que la imagen no revela la naturaleza de lo que representa sino su rostro y no su esencia “divina”. Para el cristiano ortodoxo, la imagen no "revela" el rostro, sino que se convierte en el medio, el puente, del creyente con lo Divino. El cristiano ortodoxo no venera la imagen, la adora, la “saluda” con su actitud y a través de ella entra en una relación espiritual con el contenido de su fe. Según San Juan Damasceno, el icono nos forma, nos abre caminos de conocimiento y “narra” a través de los rostros o escenas que representan la “vida” de la Iglesia.

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